sábado, 29 de junio de 2013

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El odio es un gorrión guardado debajo del ala, y cuando no nos dan lo que creemos merecer se escapa el gorrión y se inflama el odio, y ardemos entre pavesas, puro fuego espantado. Realmente no nos merecemos nada, si acaso una tumba y un nombre al lado; es poco lo que merecemos para venir ahora con esta gritería y pataleo, ahoguemos esas aspiraciones que no son sino cuna del odio, cuna de víboras insaciables que devoran los corazones y derraman hieles en labios devotos. Dadle al odio con un palo, con machete y martillo, que no quede siquiera el odio por ser odiado.

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