El odio es un
gorrión guardado debajo del ala, y cuando no nos dan lo que creemos merecer se
escapa el gorrión y se inflama el odio, y ardemos entre pavesas, puro fuego
espantado. Realmente no nos merecemos nada, si acaso una tumba y un nombre al
lado; es poco lo que merecemos para venir ahora con esta gritería y pataleo,
ahoguemos esas aspiraciones que no son sino cuna del odio, cuna de víboras
insaciables que devoran los corazones y derraman hieles en labios devotos.
Dadle al odio con un palo, con machete y martillo, que no quede siquiera el
odio por ser odiado.
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