La libertad no es
nuestra, nos la han robado al nacer. No somos libres hasta la tumba. En vida
nadie es libre, ni el rey ni el salvaje, ni la viuda ni el profeta; nadie es
libre en vida. El dinero te da hierros, la
familia también, el trabajo te azota desde niño, y sobre todo el temor
al caos te quita alas, pues has de ordenar y limpiar continuamente, por fuera y
por dentro de ti. Tu corazón yace en la mazmorra de tu pecho, tu sangre nunca
es libre sino cuando brota de la herida. Tu boca es un candado, tu sexo una alcancía.
No sabes sino aprisionar y vives aprisionado. Eres libre sujeto a una cadena –ama
a Dios, sólo en él hay libertad.
Las puertas que se abren en una experiencia imaginaria, tan real como la vida misma.
lunes, 26 de noviembre de 2012
sábado, 10 de noviembre de 2012
39
Hay que afrontar
el destino, quizás dentro de un par de generaciones todo cambie, todo se vaya
al garete, y no quede nada de el sistema social actual. Pero afrontemos la
cuestión, sepámoslo y obremos en consecuencia. Con acción o inacción, qué más
da, con hijos o sin hijos, qué más da que algún humano herede la tierra o no.
Hagamos lo que hagamos sólo hay azar, y el azar está por encima de todo lo
muerto y lo vivo, por encima de todos los insectos y el hombre, el azar está
hasta por encima del azar mismo… y ése es el Dios en que me anego.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
38
Mi fe es un hecho
que disfruto individualmente, y no es nada social, como eso que llaman
religión; que no está mal, no la vitupero como los incrédulos, solo digo que es
trabajar para el grupo y no para uno mismo. Del mismo modo me aburre mi trabajo
productivo, pues es crear en lo social; nada que ver con mis estudios, en los
que creo hacia Dios, pues enriqueciendo mi alma soy mayor y miro a los hombres
sin rencores. Estar entre los hombres duele un poco, asecharlos es menos
dañino. Si despejo el rostro de Dios de todos los pingajos que le hemos colgado
queda un espejo bruñido, cuyo reflejo
perdimos al nacer.
domingo, 4 de noviembre de 2012
La estación eterna
Era donde vivían
los hombres eternamente, la estación donde paraban todos los trenes, y dejaban
la marea de viajantes aferrados a aquellos pretiles, a aquellas aceras
encumbradas. Yo lo vi con mis ojos de niño, y sé que allí irán a parar mis
pasos, como los de todos los que me acompañan. Allí parará el mundo. Lo veo
claramente, el volcán que estalla, la lava que cubre todo, absolutamente todo; “La
virgen de la Rocas” y “La Gioconda” tragadas por el Vesubio de la estación, el
eterno magma que sonríe en los labios de Leonardo. Y yo tragado con todo y
todos, soñado acaso… pero tragado!
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