lunes, 26 de noviembre de 2012

40


La libertad no es nuestra, nos la han robado al nacer. No somos libres hasta la tumba. En vida nadie es libre, ni el rey ni el salvaje, ni la viuda ni el profeta; nadie es libre en vida. El dinero te da hierros, la  familia también, el trabajo te azota desde niño, y sobre todo el temor al caos te quita alas, pues has de ordenar y limpiar continuamente, por fuera y por dentro de ti. Tu corazón yace en la mazmorra de tu pecho, tu sangre nunca es libre sino cuando brota de la herida. Tu boca es un candado, tu sexo una alcancía. No sabes sino aprisionar y vives aprisionado. Eres libre sujeto a una cadena –ama a Dios, sólo en él hay libertad.

sábado, 10 de noviembre de 2012

39


Hay que afrontar el destino, quizás dentro de un par de generaciones todo cambie, todo se vaya al garete, y no quede nada de el sistema social actual. Pero afrontemos la cuestión, sepámoslo y obremos en consecuencia. Con acción o inacción, qué más da, con hijos o sin hijos, qué más da que algún humano herede la tierra o no. Hagamos lo que hagamos sólo hay azar, y el azar está por encima de todo lo muerto y lo vivo, por encima de todos los insectos y el hombre, el azar está hasta por encima del azar mismo… y ése es el Dios en que me anego.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

38


Mi fe es un hecho que disfruto individualmente, y no es nada social, como eso que llaman religión; que no está mal, no la vitupero como los incrédulos, solo digo que es trabajar para el grupo y no para uno mismo. Del mismo modo me aburre mi trabajo productivo, pues es crear en lo social; nada que ver con mis estudios, en los que creo hacia Dios, pues enriqueciendo mi alma soy mayor y miro a los hombres sin rencores. Estar entre los hombres duele un poco, asecharlos es menos dañino. Si despejo el rostro de Dios de todos los pingajos que le hemos colgado queda un espejo  bruñido, cuyo reflejo perdimos al nacer.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La estación eterna


Era donde vivían los hombres eternamente, la estación donde paraban todos los trenes, y dejaban la marea de viajantes aferrados a aquellos pretiles, a aquellas aceras encumbradas. Yo lo vi con mis ojos de niño, y sé que allí irán a parar mis pasos, como los de todos los que me acompañan. Allí parará el mundo. Lo veo claramente, el volcán que estalla, la lava que cubre todo, absolutamente todo; “La virgen de la Rocas” y “La Gioconda” tragadas por el Vesubio de la estación, el eterno magma que sonríe en los labios de Leonardo. Y yo tragado con todo y todos, soñado acaso… pero tragado!