sábado, 27 de agosto de 2011

5

Bello número, bella película. Quien dijo sí alguna vez lo dijo siempre. Debería preguntarme a mí mismo si realmente soy sabio, pero cómo lo voy a ser si ni siquiera he aprendido a querer a la gente. Este es un punto importante, el mensaje del Cristo, hay que amar al prójimo al menos tanto como amamos nuestra semilla, o nuestro ombligo. Pero se puede ser sabio a medias, en un pote de números, mas eso no ayuda a vivir, y lo que yo quiero realmente es ser un sabio a enteras. Colgaré mis harapos de ciencia, mi escuálido verbo, y hablaré con los hombres, con el hombre, una vez más, como siempre, pues también mi ombligo toca el cielo.

sábado, 20 de agosto de 2011

4

Por el cuatro y por lo cuarto entré a este mundo de insidias. Todo ya estaba preparado antes de yo llegar, nada cambió un ápice, tal vez los conspiradores fueran más astutos, más tenaces, más irresolutos. Pero yo no me he dejado llevar, abrí la puerta sin respingos y dije esta es mi obra, estas mis manos. Y mi voz parecía un grito. Valen poco mis gritos. Hace años que vocifero en este semidesierto y todos se muestran sordos, inclusive los conspiradores. Qué puedo hacer para librarme de ellos y entrar al mundo a corazón descubierto. Trasnocharé mañana.

viernes, 12 de agosto de 2011

3

Por esa puerta entraremos todos, o mejor saldremos todos, el día dichoso de nuestra fe, y cantarán los ángeles los duelos y seremos algunos felices, si no todos, hechos de carne de hombre nuevamente. Yo me juntaré con Hipatia y Sócrates, hablando una lengua que no supe en vida, y armonizaré con los pocos habiendo sido de los muchos. Oh, mi tierna Hipatia! Oh, mis dulces númenes! Todo lo que se me arrebató en vida se me dará con la fe, por mi fe. Pues Dios no está en un solo libro, sino en todos los libros, incluso en los míos está.

sábado, 6 de agosto de 2011

2

La segunda puerta es la puerta de la extrañeza, la de aquella mujer que vino sólo una vez y partió para siempre. Es una puerta del amor a la carne, de la lujuria a un sexo túrgido. Yo, que soy tan retraído, y si no me hacen cosquillas ni me acuerdo. No abriré esta puerta de par en par, la entornaré tan sólo, pues no la abrí más que una vez, y ya hace mucho que la cerré. Por esta puerta sólo puede entrar una extraña, hasta de Dios desconocida. Que toque con sus dedos sarmentosos mis párpados, que huela al incienso de la orgía. Porque yo, señores, yo también he sido joven.