domingo, 26 de mayo de 2013

57


Decidir qué es lo que merecemos y qué no, es tan difícil, tan difícil como escoger una muerte o un panegírico. Quisiera ayudar a mi raíz a morir, altivamente, serenamente, sin lastres de ningún tipo; pero somos tan poca cosa, tan poco que morimos al buen tuntún, sin que nadie nos pregunte para nada nuestra opinión; somos calamares, igual que pulpos en la red; pasmados de tanto sopapo, de tanta aleve mordida. Y lo peor es que no conviene que elijamos nada, que cuando elegimos hacemos fuerza sobre nosotros mismos; lo mejor es morder el freno, tragar saliva y escupir hacia dentro; hacia unas entrañas que nos proscriben.

sábado, 25 de mayo de 2013

Cerré la puerta de casa...


Cerré la puerta de casa? Apagué la luz de salita? Cerré el grifo del baño? Apagué la calefacción? Son pensamientos recurrentes, me vienen a la mente, se agolpan y luego estallan. Pero es que cerré la puerta de casa al marcharme?
Ya hace mucho que partí, de hecho espero ya no volver, pero aún así este tipo de pensamientos insidiosos me asaltan de la noche a la mañana. No me los puedo sacar de la cabeza.
Pero, Dios!, estoy muerto, ahora estoy muerto y muy lejos de la casa, por qué ha de preocuparme si cerré la puerta de casa? Por qué si la calefacción quedó prendida y arde toda la vecindad?
En este apartado limbo ya nada es lo mismo, ni siquiera ser feliz es lo mismo. Pero, y si no cerré la puerta de casa… que voy a hacer entonces…

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Las reglas del juego son así y no se puede hacer nada para modificarlas, ni un ápice. La desesperanza, el desasosiego se ceban en nosotros, y no podemos ir contra la ola, parar la incertidumbre. Amamos las esencias, la vida alegre, pero el juego es el juego, y tenemos que pagar todo lo conseguido; y si no pagas nada consigues, siendo deudor hasta de ti mismo y de tu ombligo. La muerte es nuestra suprema deuda, y no se trata de pagarla alegres, lo natural es estar triste ante la muerte, pero al saldar el hado de la muerte vamos a otro juego, de reglas desconocidas pero fácilmente más favorables. Fortalezcamos nuestras almas ante la muerte propia y ajena, no todo se pierde en un parpadeo.

viernes, 24 de mayo de 2013

55


No impongas tu fe sobre los demás, impón tu fe sobre ti mismo. Aprende a vivir sobre ti mismo y no pierdas el tiempo en los tejemanejes de la comuna, sabrás que lo importante es lo que tú piensas y no la opinión fatídica de los otros, los otros nunca tienen razón porque no viven en ti, sólo tú eres capaz de dar sentido a tu vida; y olvida esas opiniones veladas o tendenciosas, tú eres único en ti mismo, diferente por ello, no mejor ni peor, pero eres otra cosa, y eso hay que respetarlo, respétate a ti mismo, respeta la naturaleza que eres en ti mismo. Todos ven el humo salir de ti, pero nadie es capaz de ver aparecer el fuego por parte alguna.

lunes, 20 de mayo de 2013

54


A qué tanto criticar? Reírse de los demás a sus espaldas? Supongo que es una suerte de imposición, creemos ser mejores que los criticados, nosotros, los críticos, mejores que los que sufren las críticas, nosotros, los criticandos. Nosotros no somos más que pobres bestias y afilamos la lengua como afilamos las uñas, a base de clavarlas y sacar los jirones de piel. Como dice el holandés son charlas de viejas putas, un enhebrar de palabras para rellenar el tiempo, un tiempo vacío por ser hueco. Somos víctimas del chisme, de la aporía, y nos comemos las uñas de tanto metiche, nos las comemos hasta el muñón de la muñeca. Tanta es nuestra hambre, tanto nuestro ansia.

53


La poesía no es criticable, la poesía está por encima de la crítica del mismo modo que está por encima del tiempo, incluso de la palabra. La buena poesía no tiene patas, es alígera y nos guiña un ojo desde detrás de la muerte, como si mirase por detrás de una ventana. El poeta mira a través de la ventana, y quiere libertad absoluta, para alongarse y mirar adonde quiera. El poeta reclama libertad mucho más que reclama eternidad; de hecho la eternidad en el fondo se la pela, lo único que él quiere es juntar unos versos a la hechura de su alma. Y ser bondadoso consigo mismo, al menos un día más.

domingo, 19 de mayo de 2013

Dordtse Manifesto


Y estoy aquí y escribo, y por eso intento justificarme a mí mismo, porque escribir es un acto ajeno a veces a la propia voluntad, va hacia lo colectivo y echa raíces en otros brazos, o puede echarlas; porque en mi caso la literatura es mera tentativa y no puedo hasta el momento llamarme escritor, pues mis libros no sobrepasan el umbral de mi alcoba. Pero escribo, siempre escribo, y quiero imponer algunos preceptos míos.
La literatura es pública pero no venial, el formato libro se vende, pero el escritor no debería ganar dinero con ella, es más, la literatura cuanto menos nutricia es más importante. Hoy en día el formato e-book toma su lugar, todo es digital y descargable gratuitamente, o puede serlo; la literatura y la cultura en general (aunque esto ya no es tan fácil) están en internet. Yo puedo leer allí casi todos los libros importantes en una amplia gama de idiomas. Un lector de verdad vive actualmente la mayor de las dichas, tener la biblioteca de Alejandría al alcance de un clic. En internet deberían estar gratuitos todos los libros que interesan. Jamás constreñiré en internet mis libros, digo, si alguna vez son de los que interesan, a un precio, a un abono u otra cortapisa por el estilo. No pongo ningún impedimento para la publicidad, si no es jodiona e insolente.
Si una editorial quiere un día publicarme un libro, y es un decir, pues corremos caminos dispares, no renunciaré a que cuelgue gratuitamente en internet. Y tampoco venderé derechos exclusivos, pues estimo, y perdóneseme la enormidad de mi orgullo, que mi literatura tiene un valor universal, y que el derecho del lector antecede a cualquiera de mis derechos de autoría.
      Ego dixit.  

sábado, 18 de mayo de 2013

52


Lo que buscan los hombres es atención, ser mirados y escuchados, aunque sea incluso sobre el patíbulo. Los hombres buscan las miradas como frutos del Edén, buscan otros ojos tal si fueran golosinas. Por eso somos tan poca cosa, por eso es nuestra fe tan exigua, porque si amamos estando solos amamos sólo por eso, por estar solos. Y el resto es gimotear y rechinar los dientes. No concibo mi soledad sin los otros. La soledad es como el árbol Zaqqum, que estando en medio del infierno no arde; y sus frutos son como cabezas de demonios, los deseos que se nos caen de las solapas.

viernes, 10 de mayo de 2013

El hueso en la garganta


La primera vez no fue tan grave, Jeremías se atragantó con un fisco de pan, le costó bajarlo pero la cosa pasó rápido, sin complicaciones. La segunda vez fue mucho peor, pensó que moriría atragantado. La tercera vez mientras comía aceitunas se le escapó un hueso que se le atravesó en la garganta, no murió de milagro, gracias a que un amigo le cogió por detrás y le ayudó a expulsar la pepita. Ahora Jeremías tiene tanto miedo que es incapaz de tragar nada, algún día quizás muera de inanición.