viernes, 14 de junio de 2013

63


Todo lo que veo se desvanece en humo, todas mis visiones son irreales, así es, y es la peor de las realidades: que la visión se enturbie y caminemos oblicuos, como espantajos o cuervos; arrastrados por un turbión del que se desprenden tanto las vigas del cielo como los fósforos de las estrellas. Estoy desarmado, señores, mi pluma no pesa un adarme y mis puños son blandos, muñones de algodón. Aprended de la letra, todo lo que vosotros veis es también fingido; lo que vuestros cuerpos afirman lo desmiente el cristal de vuestros ojos. Y vuestras palabras son vientos arrojados al borde del acantilado.

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