Todo lo que veo
se desvanece en humo, todas mis visiones son irreales, así es, y es la peor de
las realidades: que la visión se enturbie y caminemos oblicuos, como espantajos
o cuervos; arrastrados por un turbión del que se desprenden tanto las vigas del
cielo como los fósforos de las estrellas. Estoy desarmado, señores, mi pluma no
pesa un adarme y mis puños son blandos, muñones de algodón. Aprended de la
letra, todo lo que vosotros veis es también fingido; lo que vuestros cuerpos
afirman lo desmiente el cristal de vuestros ojos. Y vuestras palabras son vientos
arrojados al borde del acantilado.
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