El todo es más
que la suma de las partes. Pero nos emperramos en cuantificar, en medir todo.
Cuantificamos el bien y el mal, nuestra soldada, hasta el amor lo
cuantificamos. Y nos equivocamos, nos equivocamos plenamente, pues deberíamos
cualificar y no cuantificar, pues el todo es más que la suma de la partes, y
porque los números se desprenden sospechosamente de nuestros dedos. Los saltos
cualitativos nos sorprenden siempre. Estamos escribiendo y escribiendo, y no
son más que palabras amontonadas unas encima de otras, y de repente zas! nos
damos cuenta de que somos escritores, o pasteleros, o tranviarios. Y por eso
postulo que la muerte es también un salto cualitativo.
Las puertas que se abren en una experiencia imaginaria, tan real como la vida misma.
domingo, 21 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
50
La puerta tras la
que aguardo es una puerta giratoria, bien de hotel o de banco, bien de
panadería o ultramarinos. La puerta tras la que aguardo tiene atada una soga al
manillar, es herrumbrosa y tersa como los tornillos de un charco, o los
tafetanes de un burdel. Espero asido a la soga, más blanco que negro, ansiando
más que esperando; reflexionando sobre los cabos sueltos de la soga, y no tan
solo que dé espanto. Aguardo tras las rejas preso en una soga, en una cuerda
que se enrosca a los pies y me sube por la rabadilla, hasta formar una horca en
mi gaznate. Soy el sabio que ahorcaron a la medianoche, antes incluso de haber
existido.
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