lunes, 11 de agosto de 2014

libro del sosiego I

 Siempre me ha atraído la calma. Desde que tuve oportunidad me recluí en una casa en el campo, salía rara vez, una o dos veces al mes, o menos. Supongo que yo en un monasterio me sentiría a mis anchas, aunque en un monasterio existe más agitación, hay más gente laborando y orando. Mi contacto con el exterior eran mis padres; y yo así me hundía en mis lecturas y escrituras casi ausente del mundo, ahora me gustaría volver a alcanzar esa ausencia, pero no me queda más remedio que apoquinar, trabajar para ganarme los garbanzos; no es duro, tiene sus ventajas el ser independiente. Pero yo quisiera ahora ser como en los primero diez años de mi vida adulta. Y luchar sólo por mí mismo y por Dios. Y lo conseguiré quizás también los últimos diez años de vida, con pensión o sin, atrincherado en una buhardilla de libros. Conseguiré al fin el sosiego tanto deseado.