sábado, 30 de julio de 2011

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La primera puerta es enorme, porque todas las primeras puertas son grandes. Por ella entramos yo y los mil espíritus que me conforman, pues todos somos mil y uno, limitados en el gesto pero infinitos en el espíritu, en las diez mil y una palabras que sirven para definirme. Escribo desde mi isla, sabedor de que una puerta es sólo una palabra, o mejor, una palabra es una llave, y yo con esta llave abro la primera puerta, la puerta del amigo, la puerta de Dios. Con brazos desplegados entro al corazón del hombre, en esta primera puerta que nunca cerraré.