sábado, 8 de junio de 2013

62


El hombre nace muy asilvestrado, muy salvaje y eremita, muy amigo del látigo y del cilicio. No hay que olvidar que somos pueblo y que juntos nos avenimos a la azada, cavando para el futuro y para los venideros. La amabilidad hay que adiestrarla, pues no solemos ser amables, y cogemos el hacha por el mango, y nunca por el filo. Aprendamos a no ser armas, sino herramientas; a solicitar, nunca a exigir. Aprendamos a ser hombres como puertas abiertas, y no embarazosas rejas de fierro. Seamos hombres de una vez, amables y serenos, y caminemos por la senda de la rosa inmarcesible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario