domingo, 22 de julio de 2012

28


Todo ha sido ya escrito, absolutamente todo; pero nada ha sido entendido, absolutamente nada. Qué se sabe de los evangelios, qué se sabe? Muy poco o nada. Muchos creen entenderlos, pero se equivocan, lo mismo que los intérpretes del libro de libros, del Corán, cuántos son los que exponen a pies juntillas su prédica, cuando lo más probable es que no seamos capaces de aprofundar en las palabras de los profetas, pues ellos no hablaban para nosotros, sino que lo hacían ante Dios, con sus propias palabras. Yo sé una cosa: que al leer los libros adquiero conocimiento, pero ninguna certeza de un fin. Toda mi vida leeré el libro, y mejoraré, pero el contenido exacto de la palabra escrita no lo tendré hasta que pase a la otra vida.

sábado, 21 de julio de 2012

27


La mayoría de los idiotas se creen muy inteligentes. Yo también me creo inteligente, luego debo ser idiota. Es en la búsqueda donde prosperamos, ahí es donde vemos la diferencia entre el sabio y el idiota. El sabio conoce y busca, el idiota sólo se acurruca en el rincón. El misticismo es también una búsqueda de poder, es decir, la negación del orgullo nos conduce a otro poder más subterráneo y sutil, pero que es un poder al fin y al cabo. Las personas que se concentran en sí mismas y huyen del siglo son tan orgullosas como el que más, pero lo son de otra manera, lo son en Dios, y por eso se olvidan de sí mismas.

jueves, 19 de julio de 2012

26


La desilusión en este mundo cabalga a sus antojos, pues la tierra de promisión se ha descarriado y ya nadie busca el pan en la sopa. Huele todo como a milpiés espachurrado o a chocho de cinco días, y es difícil, soberanamente difícil, hallar la mujer adecuada. Y no es que no haya mujeres, quizás haya demasiadas, pero no lucen su apego, no calzan su alpargata de estameña, y no filosofan, seguro que no filosofan. Así es difícil encontrar la ganzúa de la puerta. Jugar una guija haciendo trampas, tomarles el pelo a los muertos e ir por un par de cañas. Al final estaremos solos simplemente.

domingo, 15 de julio de 2012

25


Me extraño de mí mismo, de la pantufla y el cigüeñal; me extraño de la escarcha, de la lluvia que cae a pedazos del cielo. Y cuanto más me extraño más me encojo, más soy un ovillo de indefinición. Altanero hasta los hombros soy de esa extraña arrogante, que huye de mis brazos como del escorpión. Si yo no pico, o si pico no es mi ponzoña al uso. Mi veneno es hialina contribución a los cañaverales del saber. Mientras me extraño, mientras me angustio, soy la quintaesencia de las excrecencias de este lupanar. Desharrapado ceno indolencias, indiferencia, y me sé  más solo y triste en mi nobleza de cristal.

sábado, 14 de julio de 2012

24


No me pillarán con los pantalones bajados, no soy de esa clase, de los pig-eaters; no, no lo soy. Sé que la ataraxia sólo es posible en cortos intervalos de tiempo, no se puede ser estoico las 24 horas del día, porque el pensamiento es fluctuante, dinámico, y generalmente bipolar, o tripolar, o… Dios sabe qué. No me pillarán con los pantalones bajados, ni con los guantes puestos. Vivo este corto período a sabiendas de que lo que importa está aún por venir, y que la vida es una oscilación y los pensamientos teimosos son idiotas. No me pillarán con los pantalones bajados, ni con los guantes puestos, ni con la boca abierta.