Hay muchas cosas
pequeñas que nos rodean y que desconocemos, son importantes y podemos llegar a
palparlas levemente, con las yemas de
los dedos; pero son a nosotros como manzánas de Tántalo, escurridizas y
furtivas, ajenas a la piel como a los ojos. Nuestro entorno se vuelve por estas
pequeñas cosas un constante secreto, y no por mucho caminar nos alejamos de
ellas, pues al estar muy lejos estamos también muy cerca. Una de estas cosas es
el hecho de que ahora mismo alguien, a puerta contigua, sufre resignadamente, o
lo contrario, se alborota inresignadamente. Son cosas que están y las sabemos
pero se escapan, se escapan furtivas hacia otra vida.
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