Los ideales
colapsaron en la palma de la mano. Como un puñado de hormigas isomorfas, pues
así es como mueren los seres, entre paños y discursos isomorfos, menos de
madera que de tierra, y entre estertores insignificantes. Los ideales nos
hicieron pueblo, nos condujeron por los márgenes de los volcanes, limítrofes a
la utopía, al chascarrillo desusado. Somos hombres porque ideamos y desharemos
la baraja una y mil veces antes de entrar a la gehena, pues las piedras también
ríen y también idean en su eternidad de agua y arena, en su corriente de polvo.
Amaré mi ombligo hasta el crepúsculo.
Las puertas que se abren en una experiencia imaginaria, tan real como la vida misma.
lunes, 28 de enero de 2013
sábado, 26 de enero de 2013
Nueva Ámsterdam
En un mundo que pudo haber existido, pues todas las probabilidades están
dentro del bombo, y el azar puede escoger invariablemente cualquiera de las
soluciones posibles, existe hoy en día Nueva Ámsterdam, en algún lugar de la
costa este de los Estados Unidos de América. Fue una ciudad fundada por
holandeses en mil seiscientos y pico, y que un siglo después fue conquistada
por españoles. Permaneció bajo la corona española hasta la guerra del 1898, su
lengua es el español con matices holandeses, en las instituciones oficiales se
habla el inglés, pero en la calle se habla el español, con un acento diferente
al del resto de América; incluso el holandés subsiste residualmente en una
forma simplificada.
Nueva Ámsterdam es una mezcla de la tradición holandesa, española y
norteamericana. Es una ciudad próspera a pesar de ser azotada por las tormentas
y por la desidia del hombre. Es sin duda la ciudad más colonial de los Estados
Unidos de América.
lunes, 21 de enero de 2013
44
Los cuadros se
caen de la pared, el fuego ya no es más caliente; entonces viene la vejez y
sólo nos queda compartir, o eso creo, no voy a hablar de lo que desconozco,
aunque siempre haya sido viejo no es lo mismo que arrastrar tu cuerpo por la
tierra, hecho ser para el olvido. Recordando continuamente para poder
sobrevivir. Ya no válido un carpe diem, pues los cuchillos ya no cortan y sus
filos son romos y blandos como manzanas. Si llego me arrastraré como los otros,
tergiversando una lengua extraña y cantando para los adentros un miserere. Pues
sólo el canto y la poesía me restarán.
sábado, 19 de enero de 2013
43
Y esa humanidad
pervive incesantemente, renaciendo en sus costras, en sus dejadeces nimias.
Para mí la humanidad son olores, y no de los buenos, sino esencias acres, a
picadura de tabaco, a sobaco, a viento de culo. A mí el hombre me apesta,
muerto o vivo, de pie o acostado, sin importar el sexo o la dejadez. A mí la
humanidad me apesta, yo mismo me apesto, me hiedo insobornablemente. No hay
salida al aroma, al placer, con tal hedentina. Sólo cabe la posibilidad de
taponar las fosas nasales, la boca, y meterse en una fosa, bien atrancado,
donde no llegue ni el propio olor, ni los miasmas del otro mundo.
viernes, 18 de enero de 2013
La extraña despedida
Cuando nos encontramos ya era tarde avanzada, casi no había sol. Fuimos
cogidos de la mano al hotel más cercano. Ella me hablaba al oído palabras que
pronto olvidé. Pero era bueno mirarla, catar su alzada de ninfa; sentir su piel
rebosante de vida. Llegamos al hotel y le pedí la llave al recepcionista, luego
subimos.
Se fumó un cigarrillo sentada en el balcón. Yo fumaba antes, hace tiempo, y
ahora las bocas que fuman me saben a cenicero. Mas yo no buscaba su boca. Sin
embargo reconozco que el cigarrillo es magnífico para marcar signos de
puntuación.
Pasó la noche y quemamos el tiempo buenamente. Sin demasiado alarde. Yo no
la conocía, habíamos chateado sólo un par de veces, pero ella estaba sola y yo
también… se presentó la ocasión
En la estación de trenes esperé con ella el Intercity a Rotterdam. Me
preguntó cuándo nos volveríamos a ver. Le dije tímido que pronto… mentía.
Me quede solo en la estación, por fin la extraña había partido. Entonces
tuve ganas de encender un cigarrillo, pero no por vicio, no, sino por remarcar
un punto y aparte.
lunes, 14 de enero de 2013
42
El éxito efunde
orgullo, pero no es para siempre, no es a todas horas. Porque estamos solos,
porque nadie nos entiende, nadie me entiende. Escriba lo que escriba, haga lo
que haga, estoy solo y nadie me entiende, ni me entenderá. Pues cuando la fama
llame a mi puerta seguirán sin entenderme, me apreciarán tan erróneamente como
me apreciaban antes, cuando era nadie para ellos. Y es el éxito amante
larguirucha, de ojos rijosos y expresión cansina. Amancebarse con ella es
perder la hora, la hombría y la paciencia. Que me entienda yo y dos más, y el
resto que se lo lleve el tiempo, el paso de las generaciones, el triturar
rápido del estómago de las centurias. Sólo en Dios hay albedrío.
domingo, 13 de enero de 2013
41
Irrequieto como
peonza, presente en la indiferencia, que me arrastra, que me toma como doncella
y me alza hacia lo desconocido. Yo de los presentes indiferente, pues me
importa un comino el futuro del mundo, la veleidad de las cosas, le que me
importa es ‘’mi vida’’, el surco de saltamontes o babosa que voy dejando en el
entreverado de mis pies. Soy así, qué se le va a hacer, a pesar de engorros
matemáticos y formulaciones antropológicas; soy así siempre, presente en mi
indiferencia, en vuestra indiferencia, indiferente hasta la médula, cierto
hasta en el olvido.
viernes, 4 de enero de 2013
Un hombre crédulo
Un domingo fui a
visitar a Yleanir. Lo encontré relajado oyendo las Variaciones Goldberg, mientras leía a Kafka, o César Vallejo, no
sé… mientras leía a alguien que no era él mismo. Hablamos un poco de esto y
aquello, sin profundizar, era domingo por la mañana pues. Yo le toqué la
cuestión de Dios, yo no soy creyente, él sí, me sonrió. Le dije de la vida
eterna, de que era estúpido lo que él pensaba, no hay infierno ni cielo, sólo
agnoria. Me miró, luego la punta de su chancleta, y me dijo: “Qué gano yo con
pensar que Dios no existe?, que no hay otra vida?; no obstante si pienso lo
contrario gano mucho, cuando me muera la salvación eterna, y ahora, ahora, gano
tranquilidad… que en fin, es lo único que de veras deseo.”
Extraído del Diario
inédito de Remko Fortuin, Febrero 2011
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