Visitaba un pueblo
de las estribaciones del Atlas. La excursión era interesante y lo estábamos pasando
muy bien, a pesar de las incomodidades del viaje. Pero es así siempre, cuanto
mejor es un viaje más incómodo es. El guía nos llevó a una casa con la promesa
de que nos enseñaría algo asombroso. Lo seguimos sin demasiada ansiedad,
promesas así son frecuentes y acaban casi siempre en desilusión. Surgió en el
umbral un local ojizarco, que nos hizo entrar con una sonrisa y curiosamente no
nos hizo pagar ninguna entrada. Nos llevó al jardín y lo que entonces se
presentó ante nuestros ojos era asombroso y difícilmente descriptible. Vimos un
elefante pequeño, inmóvil y de color verde, sus patas yacían enterradas en la
tierra, y aquí y allá sobresalían raíces gruesas como puños. Era un
animal-planta, sin hojas pero con unas curiosas inflorescencias en la trompa y
los colmillos. Del mismo modo yacían repartidos por el jardín una docena de
diferentes animales, un león, una jirafa, una tortuga, todos enmohecidos y
clavadas sus patas en la tierra, con flores extrañas, muy extrañas, pero sin
ninguna hoja. Me pregunto qué les impide a los animales-plantas tener hojas? Me
pregunto qué les impide a los seres humanos deshojar sus esperanzas?