Desde hace años vivo en una profunda incertidumbre, no consigo distinguir
quién me dice la verdad de quién miente, no sé qué es realidad y qué es
ficción; estoy atolondrado ante una retahíla de estímulos que supongo
sospechosos y poco ocasionales. Vivo en lo incierto como se puede vivir en la
gloria o en la miseria; soy el mismísimo término de incertidumbre, que por
fuerza debía crear yo mismo.
Me pregunto si la paranoia puede tener un efecto positivo, y no todo en
ella sea devastador, la verdad es que algún beneficio saco, como energía
anímica o esperanza, pero a qué alto coste…
Todo comenzó tras escribir una serie de ensayos, que trataban ciencias
diversas de manera provocativa y arriesgada. No conseguí que nadie los editara
o se interesara por ellos, pero yo los publiqué en diversos lugares del
internet. La repercusión es escasa, pero mi paranoia, que no es más que un
sinónimo de incertidumbre, me ha hecho pensar que realmente alguien sí conoce
mi obra, y me vigila y observa, desde una perspectiva a veces muy amplia, pues
las palabras de quienes me rodean parecen influenciadas por ellos. No sé a qué
atenerme, todo viene como una ola, y me pilla en ocasiones en la cresta o en el
valle. Estoy inerme ante esta incertidumbre, nada puedo hacer para
racionalizarla. Es muy compleja y varía las cabezas como las colas, tiene una
naturaleza proteica difícil de entender. Sí, sé que la posibilidad de una
conspiración es infinitesimal, la misma más o menos de que un avión se desplome
sobre mi cabeza; mas ay!, y si en este momento no estoy solo, y si alguien que
lee estas líneas sabe más que yo, sabe más de la cuenta…
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