Nuestras
limitaciones nos hacen fuertes, verdaderos hombres de pelo en pecho, bestias
dominicales. No por mucho medrar en el absurdo se llega antes al cielo, debemos
conocer nuestra torpeza para hacernos grandes, y abominar del absurdo, que es
puta improvisada. Yo que soy tan grande dentro de mi alpargata sé de lo
limitado que somos, y que casi todo resulta ansia, y no hay para donde tirar o
resoplar, sólo un tierno cardamomo entre los dientes, un bozal para los leones
que son perros falderos de un dios diminuto. Quizás no sea león, ni siquiera
perro, y sólo un freno entre los dientes de la caballería.
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