Creemos vanamente
que los deseos son realidades, que lo que queremos existe por sí mismo; mas
todo es ficción y fingimiento. No somos más que un trapo estrujado, un agua
sucia que corre por el sumidero, y mentiremos mil veces antes que reconocer que
ese deseo no tiene cabeza, que es una impostura de un alma débil; porque entre
cien débiles hay uno fuerte, y entre cien fuertes los débiles son legión. No
nos dejemos arrastrar por la aparente abundancia, el verdugo ya tiene el hacha
en la mano, todos nuestros segundos están ya contados, y cuando baje el hierro
lloraremos como damiselas, pues los débiles somos todos legión.
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