viernes, 10 de mayo de 2013

El hueso en la garganta


La primera vez no fue tan grave, Jeremías se atragantó con un fisco de pan, le costó bajarlo pero la cosa pasó rápido, sin complicaciones. La segunda vez fue mucho peor, pensó que moriría atragantado. La tercera vez mientras comía aceitunas se le escapó un hueso que se le atravesó en la garganta, no murió de milagro, gracias a que un amigo le cogió por detrás y le ayudó a expulsar la pepita. Ahora Jeremías tiene tanto miedo que es incapaz de tragar nada, algún día quizás muera de inanición.

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