La primera vez no fue tan grave, Jeremías se atragantó con un fisco de pan,
le costó bajarlo pero la cosa pasó rápido, sin complicaciones. La segunda vez
fue mucho peor, pensó que moriría atragantado. La tercera vez mientras comía
aceitunas se le escapó un hueso que se le atravesó en la garganta, no murió de
milagro, gracias a que un amigo le cogió por detrás y le ayudó a expulsar la
pepita. Ahora Jeremías tiene tanto miedo que es incapaz de tragar nada, algún
día quizás muera de inanición.
No hay comentarios:
Publicar un comentario