domingo, 21 de abril de 2013

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El todo es más que la suma de las partes. Pero nos emperramos en cuantificar, en medir todo. Cuantificamos el bien y el mal, nuestra soldada, hasta el amor lo cuantificamos. Y nos equivocamos, nos equivocamos plenamente, pues deberíamos cualificar y no cuantificar, pues el todo es más que la suma de la partes, y porque los números se desprenden sospechosamente de nuestros dedos. Los saltos cualitativos nos sorprenden siempre. Estamos escribiendo y escribiendo, y no son más que palabras amontonadas unas encima de otras, y de repente zas! nos damos cuenta de que somos escritores, o pasteleros, o tranviarios. Y por eso postulo que la muerte es también un salto cualitativo.

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