El todo es más
que la suma de las partes. Pero nos emperramos en cuantificar, en medir todo.
Cuantificamos el bien y el mal, nuestra soldada, hasta el amor lo
cuantificamos. Y nos equivocamos, nos equivocamos plenamente, pues deberíamos
cualificar y no cuantificar, pues el todo es más que la suma de la partes, y
porque los números se desprenden sospechosamente de nuestros dedos. Los saltos
cualitativos nos sorprenden siempre. Estamos escribiendo y escribiendo, y no
son más que palabras amontonadas unas encima de otras, y de repente zas! nos
damos cuenta de que somos escritores, o pasteleros, o tranviarios. Y por eso
postulo que la muerte es también un salto cualitativo.
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