Cerré la puerta de casa? Apagué la luz de salita? Cerré el grifo del baño?
Apagué la calefacción? Son pensamientos recurrentes, me vienen a la mente, se
agolpan y luego estallan. Pero es que cerré la puerta de casa al marcharme?
Ya hace mucho que partí, de hecho espero ya no volver, pero aún así este
tipo de pensamientos insidiosos me asaltan de la noche a la mañana. No me los
puedo sacar de la cabeza.
Pero, Dios!, estoy muerto, ahora estoy muerto y muy lejos de la casa, por
qué ha de preocuparme si cerré la puerta de casa? Por qué si la calefacción
quedó prendida y arde toda la vecindad?
En este apartado limbo ya nada es lo mismo, ni siquiera ser feliz es lo
mismo. Pero, y si no cerré la puerta de casa… que voy a hacer entonces…
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