Decidir qué es lo
que merecemos y qué no, es tan difícil, tan difícil como escoger una muerte o
un panegírico. Quisiera ayudar a mi raíz a morir, altivamente, serenamente, sin
lastres de ningún tipo; pero somos tan poca cosa, tan poco que morimos al buen
tuntún, sin que nadie nos pregunte para nada nuestra opinión; somos calamares,
igual que pulpos en la red; pasmados de tanto sopapo, de tanta aleve mordida. Y
lo peor es que no conviene que elijamos nada, que cuando elegimos hacemos
fuerza sobre nosotros mismos; lo mejor es morder el freno, tragar saliva y
escupir hacia dentro; hacia unas entrañas que nos proscriben.
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