lunes, 20 de mayo de 2013

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La poesía no es criticable, la poesía está por encima de la crítica del mismo modo que está por encima del tiempo, incluso de la palabra. La buena poesía no tiene patas, es alígera y nos guiña un ojo desde detrás de la muerte, como si mirase por detrás de una ventana. El poeta mira a través de la ventana, y quiere libertad absoluta, para alongarse y mirar adonde quiera. El poeta reclama libertad mucho más que reclama eternidad; de hecho la eternidad en el fondo se la pela, lo único que él quiere es juntar unos versos a la hechura de su alma. Y ser bondadoso consigo mismo, al menos un día más.

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