A qué tanto
criticar? Reírse de los demás a sus espaldas? Supongo que es una suerte de
imposición, creemos ser mejores que los criticados, nosotros, los críticos,
mejores que los que sufren las críticas, nosotros, los criticandos. Nosotros no
somos más que pobres bestias y afilamos la lengua como afilamos las uñas, a
base de clavarlas y sacar los jirones de piel. Como dice el holandés son
charlas de viejas putas, un enhebrar de palabras para rellenar el tiempo, un
tiempo vacío por ser hueco. Somos víctimas del chisme, de la aporía, y nos
comemos las uñas de tanto metiche, nos las comemos hasta el muñón de la muñeca.
Tanta es nuestra hambre, tanto nuestro ansia.
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