domingo, 19 de mayo de 2013

Dordtse Manifesto


Y estoy aquí y escribo, y por eso intento justificarme a mí mismo, porque escribir es un acto ajeno a veces a la propia voluntad, va hacia lo colectivo y echa raíces en otros brazos, o puede echarlas; porque en mi caso la literatura es mera tentativa y no puedo hasta el momento llamarme escritor, pues mis libros no sobrepasan el umbral de mi alcoba. Pero escribo, siempre escribo, y quiero imponer algunos preceptos míos.
La literatura es pública pero no venial, el formato libro se vende, pero el escritor no debería ganar dinero con ella, es más, la literatura cuanto menos nutricia es más importante. Hoy en día el formato e-book toma su lugar, todo es digital y descargable gratuitamente, o puede serlo; la literatura y la cultura en general (aunque esto ya no es tan fácil) están en internet. Yo puedo leer allí casi todos los libros importantes en una amplia gama de idiomas. Un lector de verdad vive actualmente la mayor de las dichas, tener la biblioteca de Alejandría al alcance de un clic. En internet deberían estar gratuitos todos los libros que interesan. Jamás constreñiré en internet mis libros, digo, si alguna vez son de los que interesan, a un precio, a un abono u otra cortapisa por el estilo. No pongo ningún impedimento para la publicidad, si no es jodiona e insolente.
Si una editorial quiere un día publicarme un libro, y es un decir, pues corremos caminos dispares, no renunciaré a que cuelgue gratuitamente en internet. Y tampoco venderé derechos exclusivos, pues estimo, y perdóneseme la enormidad de mi orgullo, que mi literatura tiene un valor universal, y que el derecho del lector antecede a cualquiera de mis derechos de autoría.
      Ego dixit.  

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