sábado, 25 de mayo de 2013

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Las reglas del juego son así y no se puede hacer nada para modificarlas, ni un ápice. La desesperanza, el desasosiego se ceban en nosotros, y no podemos ir contra la ola, parar la incertidumbre. Amamos las esencias, la vida alegre, pero el juego es el juego, y tenemos que pagar todo lo conseguido; y si no pagas nada consigues, siendo deudor hasta de ti mismo y de tu ombligo. La muerte es nuestra suprema deuda, y no se trata de pagarla alegres, lo natural es estar triste ante la muerte, pero al saldar el hado de la muerte vamos a otro juego, de reglas desconocidas pero fácilmente más favorables. Fortalezcamos nuestras almas ante la muerte propia y ajena, no todo se pierde en un parpadeo.

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