Un domingo fui a
visitar a Yleanir. Lo encontré relajado oyendo las Variaciones Goldberg, mientras leía a Kafka, o César Vallejo, no
sé… mientras leía a alguien que no era él mismo. Hablamos un poco de esto y
aquello, sin profundizar, era domingo por la mañana pues. Yo le toqué la
cuestión de Dios, yo no soy creyente, él sí, me sonrió. Le dije de la vida
eterna, de que era estúpido lo que él pensaba, no hay infierno ni cielo, sólo
agnoria. Me miró, luego la punta de su chancleta, y me dijo: “Qué gano yo con
pensar que Dios no existe?, que no hay otra vida?; no obstante si pienso lo
contrario gano mucho, cuando me muera la salvación eterna, y ahora, ahora, gano
tranquilidad… que en fin, es lo único que de veras deseo.”
Extraído del Diario
inédito de Remko Fortuin, Febrero 2011
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