Los cuadros se
caen de la pared, el fuego ya no es más caliente; entonces viene la vejez y
sólo nos queda compartir, o eso creo, no voy a hablar de lo que desconozco,
aunque siempre haya sido viejo no es lo mismo que arrastrar tu cuerpo por la
tierra, hecho ser para el olvido. Recordando continuamente para poder
sobrevivir. Ya no válido un carpe diem, pues los cuchillos ya no cortan y sus
filos son romos y blandos como manzanas. Si llego me arrastraré como los otros,
tergiversando una lengua extraña y cantando para los adentros un miserere. Pues
sólo el canto y la poesía me restarán.
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