Los ideales
colapsaron en la palma de la mano. Como un puñado de hormigas isomorfas, pues
así es como mueren los seres, entre paños y discursos isomorfos, menos de
madera que de tierra, y entre estertores insignificantes. Los ideales nos
hicieron pueblo, nos condujeron por los márgenes de los volcanes, limítrofes a
la utopía, al chascarrillo desusado. Somos hombres porque ideamos y desharemos
la baraja una y mil veces antes de entrar a la gehena, pues las piedras también
ríen y también idean en su eternidad de agua y arena, en su corriente de polvo.
Amaré mi ombligo hasta el crepúsculo.
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