Cuando nos encontramos ya era tarde avanzada, casi no había sol. Fuimos
cogidos de la mano al hotel más cercano. Ella me hablaba al oído palabras que
pronto olvidé. Pero era bueno mirarla, catar su alzada de ninfa; sentir su piel
rebosante de vida. Llegamos al hotel y le pedí la llave al recepcionista, luego
subimos.
Se fumó un cigarrillo sentada en el balcón. Yo fumaba antes, hace tiempo, y
ahora las bocas que fuman me saben a cenicero. Mas yo no buscaba su boca. Sin
embargo reconozco que el cigarrillo es magnífico para marcar signos de
puntuación.
Pasó la noche y quemamos el tiempo buenamente. Sin demasiado alarde. Yo no
la conocía, habíamos chateado sólo un par de veces, pero ella estaba sola y yo
también… se presentó la ocasión
En la estación de trenes esperé con ella el Intercity a Rotterdam. Me
preguntó cuándo nos volveríamos a ver. Le dije tímido que pronto… mentía.
Me quede solo en la estación, por fin la extraña había partido. Entonces
tuve ganas de encender un cigarrillo, pero no por vicio, no, sino por remarcar
un punto y aparte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario