Con los años el cuerpo se deteriora y nacen enfermedades anteriormente
desconocidas. Pero la mente fructifica si se la alimenta correctamente, y puede
durar muchísimo, no digo que hasta el momento de la muerte, pero casi.
Una inteligencia joven es más osada, ve muy lejos; yo ahora no tengo las
esperanzas de los veinte años, no escribo con esa soltura. Mas entiendo las
cosas mejor en su conjunto, antes entendía más bien los particulares, los
hechos concretos. Ahora soy más de mi creador, de su pensamiento, que es el del
mundo entero.
Lamento decir que en cuarenta años no he aprendido nada de la mujer, la
desconozco como siempre. Lo único que he aprendido es el tipo de relación que
deseo tener con ellas. Yo debo ser un hombre raro porque mi modelo se asemeja
al de los “na” chinos, extraordinariamente curioso. Están las mujeres de la
familia, a las que quiero mucho y con las que tengo un contacto diario; las
otras mujeres, las beneficiables, me interesan para momentos puntuales, y no
llegan a pasar de un status de amiga de segundo grado, que es como una colega o
la mujer o amiga de un amigo. No tengo ni he tenido nunca una amiga de primer
grado, a no ser en contadas ocasiones y durante períodos de tiempo muy breves.
Envejecer no es tan difícil, los
achaques no son tan pesados. Ahora que el nivel de frustración sí aumenta si no
vas alcanzando tus metas. Y casi nadie las alcanza, sólo los bobalicones. Estoy
contento con lo que he escrito, estoy contento con lo que he aprendido; pero
siempre me gustaría escribir un libro más, hallar por ejemplo otra teoría
científica; o estudiar ruso, o progresar en mi conocimiento matemático.
Envejecer no es tan difícil, ni siquiera morir lo es, como nos enseñó
nuestro padre. Hay dolor, mucho, desesperanza, mucha, villanía, extrema; pero
nadie me negará que todo tiene un final, el término de los pesares de Job
llegó, y así el nuestro.
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