La fe o la
convicción no son tan importantes, a veces hasta son superfluas. Lo que importa
es la coherencia con que trazamos nuestro camino, la homogeneidad de nuestros
deseos, la forma en que elevamos el muro de nuestra ansia: con ladrillos
iguales y mortero firme. Pues debemos ser coherentes siempre, desde que nacemos
hasta que morimos. Se lo debemos a nuestros padres, nos lo debemos a nosotros
mismos. Veo como única salvación de nuestro mundo la búsqueda a ultranza no de
la verdad o de la ciencia, sino de la conciencia propia, de su coherencia. Yo
he pensado mucha trama, mucho hilo literario y hasta científico, y no me bajo
del burro. Digo, quizás mi verdad no sea cierta, pero hace muchísima coherencia
con mi vida y mi querer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario