A estas alturas mis palabras caen un poco en vacío, pero son raras en boca de
un paranoico, y por eso deben ser escuchadas por un instante, para abrir una
puerta a la locura, esa dama que vive entre los cortinajes de la cordura.
Debes confiar en el Estado, en la Policía, en la Administración, en la Magistratura.
Debes confiar en el sistema igual que en ti mismo, pues sólo la Voluntad de
Poder Colectiva suavizará la rudeza del invierno, dará de comer al necesitado.
El sistema, y cuando hablo del sistema hablo del mi país, que es ahora
Nederland, es para ser creído y sostenido. Yo tengo trabajo y como gracias al
sistema; ansío también cosas que el sistema no me da, pero para que el sistema
sea igualitario debe restringirse el poder del individuo. El sistema puede
fallar, pero yo no dejaré de creer en él, pues tengo fe en la vida y en el
esfuerzo colectivo e individual. Y todo esto es indistintamente del color
político. La política es sólo una excusa del sistema.
En mi verdadero país, en el país origen de esta lengua en que escribo,
nunca me hallé a mis anchas, nunca quise trabajar, casi no quería tener amigos
–sólo quería escribir y me apoyaba siempre en la familia, que no es de ese
país, sino de mi país propio. España puede ser buena para algunos, no para mí.
Sin duda algún día, probablemente no tan lejano, amanezca en España. Pero que
significa España para los muertos, u Holanda misma.
Que escriba estas frases se debe a que existe la duda mía, y de los que me
acompañan en el viaje. Ante esa duda yo reacciono con confianza ante el
sistema. Muchos me tildarán de reaccionario, de acomodado. Pero yo soy por y
para el sistema de motu proprio, y eso que el sistema ignora, voluntariamente o
no, la complicada urdimbre en que trastabillo con mis patitas de araña.
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