sábado, 24 de agosto de 2013

En el paraíso


Una puerta mediocre y una sonrisa de circunstancias, un gesto amplio del brazo señalando un pequeño bar en una sala mal iluminada.
El vapor subió a la cabeza y bajó con el primer whisky, con la primera gota de emancipación.
Era la primera vez, la primera. Habían pasado muchos años… Los rostros de todas las mujeres eran pálidos, hasta una negra estaba pálida. Descargué los ojos en una pelirroja, que vino a sentarse a mi lado. Su lengua era espesa y acristalada, como un invernadero en Helsinki.
Soltamos labios y cintura… mas no recuerdo su nombre, como recordar lo nunca sabido; el olvido de lo ignorado es un pie puesto en la eternidad.

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