sábado, 17 de agosto de 2013

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A veces estoy como muerto, no tengo ganas de na’. Estoy en esa morriña de la depresión y el disgusto. Ya sé que lo único que puede salvarme es escribir, la razón última de mi existencia, y eso aunque mis poemas quizás no valgan un ochavo, y eso a pesar de mi tristeza. La literatura ahora no tiene mucho sentido, y lo más probable es que no lo tenga porque llama la atención de poca gente. Por qué negarlo, a mí me gustan los desfiles, las medallas en el pecho, y toda suerte de alharaca. Me gusta la bulla, pues. Hasta he considerado la posibilidad de un Nobel, como quien se arrulla con música extraña, o quien pinta con el viento por paleta. Pues que soy en el fondo sino un niño.

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