Te echo de menos,
Noelia, y a mí también me echo mucho de menos; estoy como desamparado de mí
mismo, terriblemente lejos del hogar; y con una rabia inaudita de ser esquivado
por el éxito. Sí, no tenéis que recordármelo, los peligros del éxito son
inmensos para el monomaniaco, para el apóstol, si antes todas las miradas iban
hacia mí, ahora todo se cuadruplica, se exaspera hasta reventar. No tenéis que
repetirme vuestro dictamen, que no es otro que el del destino: permanecerás
solo y desahuciado por el éxito hasta que revienten tus palabras en una piñata
de otoño, lejos de la rapiña de los supuestamente ilustrados. “Caelum et Terra
transibunt, verba autem mea non transibunt.”
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