sábado, 20 de julio de 2013

70


Ruega a Dios y mientras da con el mazo, sé cabeza de martillo y golpea fuerte, muy fuerte; que crujan los ensamblajes del barco, las jambas de tus brazos. Que crujan hasta los cimientos del Universo, pero no te olvides nunca de dar gracias a Dios, pues tú eres poca cosa sin Dios, un cuasi nada, una pelusilla de ombligo. Así es como vives y te vives entre dos mundos, entre dos paredes hirsutas que son pieles de anémona. Da con el mazo, da, y ruega mientras por tu salvación. Con puños cerrados y mazo bien asido. Pues Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario