sábado, 6 de julio de 2013

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Ay, si fuera capaz de nombrarme, de decir quién soy ante Dios y ante los hombres. Ay, si fuera capaz de señalar mi rostro sin vergüenza, de juntar mis articulaciones en un papel sin enmiendas. Soy mucha duda, mucha incertidumbre, mucha más de la que cabe en un dedal; y los nombres con que algún día me designaron son hoy puertas cerradas, abrojos en el patio contiguo. Ni siquiera soy el que escribe, ése ya anda muerto; ni siquiera soy el que lee, ése está subido a las parihuelas del noble Corán; seré pues el que calla, el innumerable. “Legio nomen mihi est, quia multi sumus.”

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