Una vez me quedé un
mes en Amsterdam por motivos de trabajo. Pasaba casi todos los días por de
Wallen. Miraba las mujeres en las vitrinas y babeaba, pero nunca me paraba,
bueno empecé a pararme cuando descubrí a una pelirroja en una esquina. Era
preciosa y no iba muy escotada. Me paraba y la miraba largos minutos, ella me
embromaba tras la vitrina, pero yo no hacía caso y seguía camino; así una y
otra vez. Hasta que un día que venía con resolución de pararme un buen rato.
Encontré la cortina cerrada y un cartel colgado tras el cristal: “Cerrado por
boda.” Suspiré, la vida no deja a nadie atrás…
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