John lo había pensado muchísimo, le había dado mil vueltas al asunto; y ahora ahí estaba, en el bar junto a Karem, y otro par de amigos comunes. Sabía que la quería, que la quería muchísimo, y por eso ahora no podía parar, tenía que proponérselo. Oía a Karem hablar con los amigos y se sentía arrobado, aquélla era sin duda la mujer, su mujer. Era preciosa, nunca había visto una mujer así. Estaba seguro de que no erraba al proponérselo.
Esperó a que el par de amigos se marcharan, entonces la encaró y cuando fue a abrir la boca, ella dijo de sopetón: “Te están saliendo canas en las sienes.” Cerró la boca y no dijo nada, absolutamente nada por un buen rato. La propuesta agonizaba.
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