El miedo me
reconcome los calcañares, me hace parecer más triste de lo que soy. Y a
espuertas vacío mi esplín, que ya no es de aburrimiento, sino de temor, como de
vergajos dados en la espalda; y una lágrima y una gota de orín que escurren por
las sienes, se encuentran en el labio y murmuran verdades profanadas, lenguas
de hastío entrapadas en miedo. Soy de hechura simple, masco a dos carrillos
toda la progenie, y me sé certero hasta en la muerte. No cejaré de decir la
oración, de procurar mi libertad estúpida de macaco entupido, y trataré a los
dioses con desidia, porque no labran mi jardín, porque no comen mi trigo. Tengo
los cachetes repletos de miedo masticado.
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