Medita en su casa
tiernamente, al genio ya hace tiempo que se le cayeron los párpados, que vive
agazapado en la realidad diaria a merced del azar y las mareas. Se sienta y
toma el café mientras hojea una biografía de Euler, él no es matemático pero
gusta del orden en las cosas y de saber cada día un poco más. Considera que la
inteligencia no es un coeficiente, él para sí mismo, que ha escrito tanto, considera
la genialidad un accidente que te permite tutearte con otra gente, no la gente
de siempre; y sobre todo, por encima de todo, el genio es una manera de estar
solo consigo mismo, una manera de tantas, la de Pessoa era bien diferente.
Llaman a la puerta, el Genio intuye unas manos femeninas, se incorpora lentamente,
movido por unos tensores cuasi relativistas.
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