domingo, 16 de septiembre de 2012

34


Todas las vidas tienen su leyenda, y cuando menor es la tormenta surge la arpía de los corazones, que es más fea que un trueno. Todos los hombres tienen un sino, y yo ofrezco a los dioses mis genitales en una bandeja. Como un olvido, pasto para las ratas, como algo que no sirve o ya caducó, yo ofrezco mi hombría en las telarañas del templo, bajo el frío impluvium, húmedo de tanto sacrificio estéril. Así me hago a mí mismo, así reivindico mi osamenta. Porque ya estoy muy cerca, Señor, sin seres ni emblemas asociados, estoy tan cerca que puedo tocar tu sombra, la luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario