Hay que sentirse
orgulloso de lo que se tiene, y disfrutar al máximo de todo ello; la humildad
es cosa de depravados, deprime y acongoja los pechos orondos. La humildad es la
más peligrosa de las armas del siglo, los que son soberbios en Dios sufren de
ella. Hasta el hombre más poderoso de sí mismo se ve tentado por la humilitas.
El cielo es para los mansos, pero para aquellos que son soberbios de su
mansedumbre. No debe existir dogma, sólo hay unas pocas y simples normas, que
se flexionan suavemente sin llegar nunca a quebrarse. Eso es soberbia.
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