Todo ha sido ya
escrito, absolutamente todo; pero nada ha sido entendido, absolutamente nada.
Qué se sabe de los evangelios, qué se sabe? Muy poco o nada. Muchos creen
entenderlos, pero se equivocan, lo mismo que los intérpretes del libro de
libros, del Corán, cuántos son los que exponen a pies juntillas su prédica,
cuando lo más probable es que no seamos capaces de aprofundar en las palabras
de los profetas, pues ellos no hablaban para nosotros, sino que lo hacían ante
Dios, con sus propias palabras. Yo sé una cosa: que al leer los libros adquiero
conocimiento, pero ninguna certeza de un fin. Toda mi vida leeré el libro, y
mejoraré, pero el contenido exacto de la palabra escrita no lo tendré hasta que
pase a la otra vida.
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