Busco la perfección en todas las cosas, hasta en una caja de cerillas. No soporto las baldosas levantadas o las duchas torcidas. No soporto los alambicados cantos de las sirenas, ni las memeces de los apuntadores. Voy tras de la complitud, de la palabra perfecta, si no en sí misma, sí en su contexto; pues somos discurrires repentinos y caudalosos, y es muy difícil que no se nos lleve la corriente. Al menos aprenderé a hacerme las uñas y a no insultar a la concurrencia, cosa harto complicada.
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