Las puertas que se abren en una experiencia imaginaria, tan real como la vida misma.
sábado, 24 de septiembre de 2011
9
Nos conmueve el tiempo, el paso silencioso de los reptiles, nos conmueve todo lo que brilla, pues somos urracas viles, entrapadas en lobreguez. Es la imperfección, los dedos sarmentosos de los pies de una mujer, su labio casi leporino. Somos imperfectos hasta en la sombra, se nos hizo de remiendos y andrajos, y andamos zarrapastrosos hasta la tumba. Por lo menos andamos, diría el filósofo, y no nos arrastramos. Aunque yo sí que me arrastro a la sombra de una duda, bajo un roble cuyas bellotas de hormigón caen sobre mi cabeza.
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