Sopla el levante y todos nos enloquecemos un poco, incluso los aristócratas, los que de niños han llevado su alma recubierta por el oro y la grana de una vida otra. Una vida no de miserias y escrúpulos, sino de ideas prístinas, de semillas que revienten en otro mundo. Porque al final todos dependemos de estos aristócratas, aunque nos empeñemos en ser republicanos y en aguillotinar a los reyes. Sopla el levante y este mundo es algo diferente, y quizás yo no haya pasado en vano.
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