sábado, 17 de septiembre de 2011

8

El ocho me hace pensar en una araña, y la araña me hace pensar en locura, no sólo en la mía, sino la que compartimos y de la que nos arrebatamos las migajas. Nos miramos a los ojos en rebatiña, auscultando nuestros insulsos sentimientos, más de víboras que de hombres. Aunque yo calculo que la paranoia también puede ser benigna, que todos los que me persiguen, reales o imaginarios, tienen un sentido intrínseco. Que no es banal que hasta yo mismo me persiga, atraído por mis propios calcañares. Es una ruleta, es el puritito azar, en el que todos giramos y en el que la bolita a las veces se nos escupe a la cara. Como si fuera el escupitajo de un Mesías.

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