La fealdad sólo
tiene una cara, un gesto y un signo. La fealdad es monocorde, su destemple
vibra en una sola cuerda. La belleza tiene por contra múltiples caras, una
expresión múltiple, una mirada inextricable. Soy incapaz de descifrar a la
mujer que amo, de hecho la reconozco con dificultad, más por el entorno o por
la costumbre. Pero si me la quitaron del hábito de seguro que olvidaría su
cara. Quizás esa belleza múltiple venga de ver a alguien a ratitos y a
destiempos. Pero sólo es una ayuda; a los feos nunca los olvido. Las
innumerables caras de la belleza, mezcla de estupor y gracia, es virtud de
pocos seres. Y su incógnita nos acompañará toda la vida; a no ser que cometa el
atrevimiento de casarme con la mujer amada.
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