Carezco de la
paciencia, todo lo hago a la prisa; mi ciencia misma se duele de eso, aunque
fuera buena no sigue los pasos preestablecidos, se pierde en ramas exteriores y
no juega con los números, que es éste un gran pecado. Quizás sea mi mayor
problema en la vida, la falta de paciencia. O quizás tenga más de la que creo,
y sea un pacientudo oculto, alguien que se queja de su ombligo sin saber que no
tiene. Pero así pasito a pasito se hace un mundo, y vamos llegando cada vez más
cerca a la meta, que es al fin un gran batacazo, pues no hay premio sin caída,
y la sublime ausencia que nos proporciona la muerte compensa todos las malditas
presencias que una vez se juntaron.
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