Me extraño de mí
mismo, de la pantufla y el cigüeñal; me extraño de la escarcha, de la lluvia
que cae a pedazos del cielo. Y cuanto más me extraño más me encojo, más soy un
ovillo de indefinición. Altanero hasta los hombros soy de esa extraña
arrogante, que huye de mis brazos como del escorpión. Si yo no pico, o si pico
no es mi ponzoña al uso. Mi veneno es hialina contribución a los cañaverales
del saber. Mientras me extraño, mientras me angustio, soy la quintaesencia de
las excrecencias de este lupanar. Desharrapado ceno indolencias, indiferencia,
y me sé más solo y triste en mi nobleza
de cristal.
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