domingo, 15 de julio de 2012

25


Me extraño de mí mismo, de la pantufla y el cigüeñal; me extraño de la escarcha, de la lluvia que cae a pedazos del cielo. Y cuanto más me extraño más me encojo, más soy un ovillo de indefinición. Altanero hasta los hombros soy de esa extraña arrogante, que huye de mis brazos como del escorpión. Si yo no pico, o si pico no es mi ponzoña al uso. Mi veneno es hialina contribución a los cañaverales del saber. Mientras me extraño, mientras me angustio, soy la quintaesencia de las excrecencias de este lupanar. Desharrapado ceno indolencias, indiferencia, y me sé  más solo y triste en mi nobleza de cristal.

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